En Alegría-Dulantzi la reparación depende mucho de la calle. En los adosados de las urbanizaciones lo habitual es una cinta gastada, un recogedor que ya no recoge o lamas descolgadas en la persiana grande del salón, la que más viento recibe. En las casas del casco antiguo y de Egileta vemos cajones de obra que llevan años sin abrirse, con el eje desplazado y los soportes oxidados. Abrimos el registro, o lo creamos si no existe, cambiamos la pieza que ha cedido y dejamos un acceso para la próxima vez. Lo que hacemos y cómo lo hacemos está en la página de reparación de persianas.
Las persianas motorizadas de los adosados empiezan a acumular años, y los síntomas se repiten: el motor hace ruido pero no mueve el paño, la persiana se queda a medias o el mando ha perdido la programación tras un corte de luz. En los polígonos reparamos además cierres metálicos motorizados, donde el fallo suele estar en el motor central, el freno o el cuadro de maniobra. En invierno, antes de llamar, comprueba que la persiana no está pegada por la helada; si aun así no se mueve, la guía de la persiana que no sube te ayuda a descartar lo sencillo. Hacemos lo mismo al oeste, con la reparación de persianas en Iruña de Oca.
Una persiana rara vez se estropea de un día para otro. Antes de quedarse atascada suele haber semanas de avisos: tirones más duros, un paño que baja torcido, un golpe seco al llegar arriba. Cuando por fin deja de subir, casi nunca hay una sola pieza tocada. Una lama salida de la guía dobla el perfil, un tirante partido deja el paño colgando de un lado del eje y el soporte que queda trabaja el doble hasta que cede. Por eso no cambiamos solo lo que se ve desde la ventana: abrimos el registro y revisamos el conjunto, porque una reparación que deja la causa dentro del cajón vuelve a fallar en pocos meses.